(2016-07-14) De 36 pacientes por enfermer@ a ratios obligatorias por ley.

Estos días ha saltado la noticia de la enfermera que ha renunciado a su contrato tras encontrarse la primera noche a cargo de 36 pacientes, siendo sancionada posteriormente por el Servicio Andaluz de Salud por haber renunciado a su contrato. Estas situaciones son habituales en cualquiera de los servicios de salud del Estado, donde se llevan repitiendo desde hace décadas con la aquiescencia de gestores, directivos y sindicatos subvencionados.

Como podeis ver en el documento traducido por CAS hace años, desde hace casi dos décadas el personal de enfermería de California viene luchando por la imposición a los políticos de una Ley de Ratios de Enfermer@-Paciente, para garantizar tanto una atención de calidad, como incrementos de plantilla y seguridad en el empleo.

La Ley de Ratios de Plantilla Segura de enfermer@ necesitó de años de luchas para ser aprobada y está en vigor desde 1999, haciéndose efectiva en todas las unidades de cuidados intensivos en enero de 2004, pese a los continuos esfuerzos de la industria hospitalaria por derogarla. Sus efectos han sido el aumento de la calidad en la atención al paciente y en la selección y conservación de personal en los hospitales de California (el número de enfermer@s se incrementó en un 30%). Las ratios establecidas son: de 1 enfermer@:2 pacientes en cuidados intensivos; a 1:3 en las unidades de cuidados intermedios; 1:4 en otras especialidades; o a 1:6 en psiquiatría o postparto.

También el estado de Victoria (Australia) tiene regulación al respecto, ya que adopto las ratios enfermer@-paciente en 2000, habiendo experimentado un incremento del 24,1% en el número de enfermeros en activo.

Por otra parte, frente a la visión cortoplazista de gerentes y políticos, la experiencia de California demuestra que la aplicación de ratios salva vidas y reduce los gastos. Así, hasta 20.000 muertes anuales de pacientes preventivos se pueden vincular con dotaciones bajas de enfermer@s. Por cada paciente adicional asignado a un enfermer@, la probabilidad de muerte en un período de treinta días se incrementa en un 7%, mientras que tener asignados cuatro pacientes adicionales aumenta el riesgo de muerte en un 31%.

La situación en el Estado español es absolutamente tercermundista. Ningún territorio tiene establecidos por ley ratios mínimos de pacientes por enfermer@, dejando en la inseguridad más absoluta a pacientes y trabajadores, situación que no solamente es achacable a los partidos políticos (ninguno recoge en sus programas electorales el establecimiento de ratios), sino también a los propios trabajadores y sindicatos que no han considerado en ningún momento una prioridad organizar una lucha en este sentido.

LA NOTICIA EN PRENSA

Una enfermera del Clínico renuncia tras quedarse sola a cargo de 36 pacientes

Había sido contratada hasta el 15 de agosto para hacer guardias, pero el domingo sufrió un ataque de ansiedad al verse sola a cargo de una planta completa durante toda la noche

"Me pasé toda la noche rezando para que ningún paciente sufriera una crisis", confiesa la enfermera.

«Me pasé toda la noche rezando para que ningún paciente sufriese una crisis. Era un sin vivir. Ni siquiera supe reaccionar cuando falleció uno de ellos», cuenta una enfermera del Clínico mientras se recupera del episodio de ansiedad que padeció el pasado domingo. Cuatro días en el centro han sido suficientes para que la joven enfermera, que prefiere mantener el anonimato, sufriese la falta de personal que desde hace meses vienen denunciando sindicatos, profesionales sanitarios e incluso pacientes. Tanto que la baja de una compañera, a la que no le encontraron sustituto para la guardia de la noche del domingo, la obligó a estar todo el turno a cargo de la planta de digestivos. El resultado, un episodio de ansiedad y una mala experiencia que la ha llevado a renunciar al contrato de trabajo que había firmado dentro del plan de verano del SAS.

Había sido contratada hasta el 15 de agosto y su labor consistía en «hacer guardias una noche sí y otra no», algo que al principio «le chocó». Pero su sorpresa fue mayúscula al comprobar que tendría que hacerse cargo de los 36 pacientes que, en ese momento, estaban ingresados con alguna patología digestiva en alguna de las 38 camas que alberga la planta.

«Cuando se lo comuniqué al gerente me respondió que lo sentía mucho y que hiciese lo que pudiera», aunque ella reconoce que ni siquiera sabía usar el programa informático. «Era una situación de impotencia muy grande, no sabía donde estaba la medicación o como se manejaba el desfibrilador, por ejemplo. También desconocía como contactar con mis superiores o como tenía que actuar en caso de que algún enfermo falleciese», explicaba angustiada a este periódico. «Las auxiliares me salvaron el turno porque yo estaba perdida. Lo pasé realmente mal. Terminé de poner los medicamentos que tenía que administrar a medianoche a las 3 de la mañana», afirma. Así, la enfermera cuenta como al terminar su turno a las ocho de la mañana, y «todavía con la ansiedad en el cuerpo» se dirigió sin pensarlo hasta dirección para presentar su renuncia.

«La dejaron sola y no pudo soportar la presión. El miedo a que se repitiese, la llevó a dejar trabajo», lamentaba ayer Inmaculada Florido, delegada de Satse en el Clínico. «No le había dado tiempo de hacerse con el funcionamiento del centro. Es normal que los que llegan nuevos necesiten unos días para coger la dinámica de trabajo», explica. Al parecer, la joven de 34 años de edad había realizado alguna sustitución en el centro pero en consultas, nunca en planta, donde la labor asistencial es totalmente diferente. Aún así, Florido insistía al conocer «la incidencia» en que tampoco una enfermera experimentada y veterana en el hospital sería capaz de asumir dicha responsabilidad. «Es inviable que una sola enfermera esté a cargo de toda una planta. Si algún enfermo sufre una crisis requiere toda la atención y el resto de los pacientes no podrían ser atendidos», sostiene.

Algo que, según Satse, se ha acrecentado en los últimos 4 años cuando las bajas dejaron de ser cubiertas y es el personal en plantilla el que asume esa carga de trabajo. «Sentimos un continuo acosamiento por los descubiertos. Nos llaman en nuestros días libres para cubrir esos puestos y no podemos seguir soportando la presión de no negarnos a doblar turnos por la falta de contrataciones».

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