Gestión clínica o como comprar el silencio de los profesionales.

En las últimas semanas, aprovechando el estío, se está produciendo un avance de la extensión de la Gestión Clínica (GC) en diversos puntos del Estado. Así en el País Vasco, Osakidezta presenta el Decreto que regula la “ordenación de estructura de la organización de servicios sanitarios (OSI) de Euskadi y el régimen de funcionamiento y constitución de las Unidades de Gestión Clínicas”, mientras que en Castilla y León, se anuncia la apertura 15 nuevas unidades en octubre.

Curiosamente, los gestores de ambos territorios, de partidos diferentes (PNV, PP), utilizan los mismos mensajes que se utilizaron en su día para poner en marcha la GC en Andalucía y Asturias (PSOE, IU): “las UGC no suponen privatización alguna”; “son un sistema de gestión integrada”; “un medio para reducir las listas de espera y los ingresos”, “consisten en dar más capacidad de decisión de su propio trabajo a los profesionales”…..presentándolas como una especie de solución mágica a los problemas estructurales del sistema sanitario.

En Andalucía y Asturias las Unidades de Gestión Clínica (UGC) llevan funcionando más de una década, donde han demostrado que su objetivo es la introducción de criterios empresariales, destinados a reducir el gasto por paciente, en el ámbito clínico. Con el silencio de sindicatos subvencionados, colegios profesionales y sociedades médicas “científicas”, llevan aplicando años este sistema para que los médicos cuadren las cuentas económicas (en lugar de velar por la correcta atención de las enfermedades de sus pacientes), a cambio de suculentos premios económicos…..aunque sea a costa de marear al paciente de primaria a especializada, ya que el objetivo fundamental es imputar el gasto a cualquier servicio/unidad menos al tuyo.

Tanto es así que el Servicio Andaluz de Salud acaba de repartir los incentivos de 2016, de forma que se premia a los directores de las UGC de atención primaria con hasta 11.000 € por barba, cantidades que han salido por supuesto del “ahorro” logrado en farmacia, derivaciones a especializada, reducción de las bajas laborales, pruebas diagnósticas, falta de cobertura de las ausencias de otros profesionales y otras menudencias. Hay que aclarar que en algunas ocasiones, estos directores de UGC son auténticos “capataces” cuya función prioritaria es vigilar día a día, el estricto cumplimento de los objetivos económicos, incluso presionando y amenazando en ocasiones a compañerxs no muy dispuestos a aceptar la reducción economicista.

Y es ahora, más de una década después de su puesta en marcha, cuando el sindicato médico, que lleva más de dos años negociando en Madrid la extensión de la GC a todo el Estado, “descubre” que los médicos andaluces están siendo presionados para que reduzcan el gasto por paciente . ¿A qué se debe éste repentino interés en denunciar que se está “untando” económicamente a los profesionales a cambio de reducir el gasto? ¿Podría deberse a que tras tantos años de silencio y connivencia con la Administración en el recorte del gasto,  se está entrando en una fase peligrosa, ya que cada vez hay menos margen para seguir reduciéndolo sin correr el riesgo de acabar sentado delante de un juez debido, por ejemplo, a demandas de pacientes que, siendo necesario, no fueron derivados en su día al especialista? 

CAS, agosto de 2016.

Enlace web CAS Madrid.

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